Maratón de Zúrich, cuando cuidar el cuerpo es lo que importa.

 


Después de Valencia donde hice mi 5ª mejor marca personal estaba contento, lleno de confianza pero sin muchas ganas de entrenar. Dicen que uno debe fijarse otro objetivo en maratón sólo cuando hayas olvidado la última corrida. Pero teníamos un viaje familiar planificado desde hacía varios meses, y como típico runner busqué que maratón había por “el barrio” en dicha fecha. Y surgió Zúrich. 

Luego de Valencia, en diciembre, paré por un par de semanas, hice una planificación después de año nuevo y en enero de 2025 comencé a entrenar. Pero a medida que avanzaba el entrenamiento me notaba sin ganas, no entrenaba motivado, más bien lo hacía por inercia. Un día cualquiera después de una sesión de pesas fui al supermercado agarré negligentemente un botellón de agua de 7.5 litros y ¡cueck! mi cuadrado lumbar izquierdo jodió. 
Fui a MedPro con Yanina, lo soltó, me sentí mejor y no encontré nada mejor que hacer un largo de 25km al día siguiente. El resultado: Cuaádricep sobrecargado. 
Bien cabezota como es uno ¿qué hace? ¡Pues sigue entrenando! Y en tres días terminé cojo. Me caía al caminar, no podía bajar escaleras. Así que fui con Hernán Plaza. Me revisó y me dijo “Afortunadamente no es hernia pero tienes el Psoas Izquierdo muy contracturado” me hizo fisio, indicó bicicleta más antiinflamatorios por 7 días. El asunto es que la sintomatología empeoró, comencé con parestesia en mi tibia izquierda y partí con un traumatólogo. Me tomaron una Ecodoppler y no salió nada malo salvo una entesitis púbica pero nada que ver con mi sintomatología. Luego de una semana volví a control, ya podía caminar pero aún se me doblaba la pierna izquierda frente a las cargas. 
El médico me dijo que desde su punto de vista ya no tenía nada pero que si la parestesia seguía debía ir al neurólogo. Ya estaba a mediados de febrero y a pocas semanas de Zúrich pensé “Esto se acabó”.
Podía correr 20 a 30 minutos a 8:00m/km. Sí, así de lento. El resto bicicleta pero sin mucha carga. Y seguía pensando “Solo correré si logro correr bajo 6:00m/km, de otra forma sería una irresponsabilidad”. Las semanas avanzaban, los ritmos mejoraban, la pierna se me doblaba menos y empecé a vislumbrar que aún tenía chances. 
A cinco semanas hice un test para ver si podía correr a ritmo y logré correr bajo 5:00 el mil por 4 km. Lo siguiente fue ver si resistía un largo, hice 21K (con 10K de tempo a 4:48m/km) fua allí que dije “Estamos, ¡se corre!”. Pasaron las siguientes dos semanas, pasajes a Génova y a lo que salga. 

En Génova hice las últimas dos semanas de taper. Cada día iba mejor. Ya estaba para correr en 3:24 y lo conversé con mi coach. Isaac me dijo, “Estás con el pulso alto pero en rango para terminar en 3:15-3:20” Eso me motivó mucho. De estar cojo a tener un objetivo como ese me dio confianza. 
El problema no era correrla, el tema era si por correrla mi pierna pagaría un precio demasiado alto. Por lo mismo me lo tomé con mucha calma y no dudaría en salirme de la carrera si mi pierna izquierda comenzaba a hacer agua. Nunca vale la pena hacer un maratón si terminas recrudeciendo o empeorando una lesión. 


Zúrich es hermosa, llena de naturaleza, sin contaminación, nadie toca la bocina, la gente es seria pero amable, en resumen es el primer mundo en serio. Pero es la ciudad más cara del planeta. El sueldo promedio en Suiza es de U$9.000 dólares y en Zúrich es de U$10.500 dólares. Sus 450.000 habitantes deben pagar arriendos de U$2.500 a U$3.500 dólares (el 70% de las propiedades suizas pertenecen a los bancos, financieras y fondos de pensiones. Es decir, prácticamente nadie es propietario). Una hamburguesa costaba U$18, una cerveza U$10, un cafecito 5 lucas… Una guía de turismo nos dijo acá para vivir sin apreturas debes ganar sobre U$12.000 mensuales. Una brutalidad. 

Dia de la carrera nublado y con posibilidades de lluvia (la Expo me la salto porque no existe, solo te pasan el número en una sucursal de tienda comercial. Pobre, marketing = Cero). Dejo mi bolso en guardarropía, hago mi calentamiento y parto al Quaibrücke, puente donde comienza. Me encajono en el primer corral super relajado, fácil, cero estrés. Me ubico atrás pa’ no entorpecer y comienza la carrera. 
Los primeros 8km son por el casco urbano, iba bien cuidando el paso. Luego en el 9K se vuelve a cruzar el puente Quaibrüke para enfilar en línea recta por la costanera Seestrasse hacia el pueblo de Meilen en el 22K. Es decir, el 10K era mi punto de no retorno (Si, digamos, en el 17K hubiera querido desistir habría tenido que caminar mínimo 7 km de vuelta). Pero iba bien, ¡asi que a darle! 
¡Es tan parecido a Puerto Varas! Se largó a llover y no paró por dos horas. Allí iba yo, mirando los kilómetros, guiado por mi pulso. Puestos de abastecimiento cada 4km completísimos, algunas bandas tocando música ¡Gente animando! nunca lo esperé de los serios helvéticos ¡Ahhh ver esos jardines, pequeñas viñas y el lago… un sueño! 


De vuelta de Mailen decidí apretar el paso en el km 25 y lo mantuve constante hasta llegar a Zúrich para recorrer los últimos seis kilómetros. Ya venía tocado, la falta de volumen entrenando me pegó fuerte en las piernas, pero estaba seguro que la iba terminar bien, lo que me estimuló bastante. 
A falta de 800m veo a la Pauli animándome ¡estaba tan contento! Ese subidón hizo esos duros metros finales más agradables. Cruzo por cuarta y última vez el Quaibrücke y enrielo hacia la meta en Plaza Sechseläutenplatz. Con el magnífico Operahaus de telón, cruzo la meta en 3:19:19. 


Me tiro al suelo tieso, permanezco allí por unos cinco minutos recuperando aliento y piernas. Me paro a duras penas y mi espalda me dolía como nunca. Doblado como un plátano recibo mi medalla y camino entre la gente por mi bolso. El ambiente era diametralmente opuesto al retiro del número. Lleno de puestos de comida, masajes gratuitos, puntos de venta, regalos de choclolate Lindt, cremas Biotherm, etc… una fiesta con una enorme carpa al medio dotada de mesas para compartir con la familia mientras comías algo. Me hubiera encantado disfrutarlo más pero apenas tenía energía pa’ caminar los 900 metros que me separaban del hotel. 


Mientras caminaba por la costanera con mi “postura bananera” mi vista divagaba en el rio Limago. Mi mente recordaba los detalles, lo vivido, lo superado, todo. Con una satisfacción que va más allá de hacer una buena marca como en Valencia, esto es distinto, es saber que superaste una lesión seria, cosa que no vivía por allá en 2006. Estaba realmente muy agradecido. Luego fue el turno de la Pauli quien corrió 21K (se corren después del maratón) yo la seguí por la web ya que no podía pararme de la cama, dormí una hora de corrido y cuando llegó con su medalla fuimos por mi premio: Una cerveza de medio y una salchicha suiza, sentados en un puestito junto al Limago junto al puente Quaibrüke mientras corrían los participantes de 10K. ¡Inolvidable!!



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