Maratón de Viña 2025, correr en casa hace la diferencia





Mi plan inicial era correr NYC, confiado en que New Balance siempre nos daba uno a Runchile para un embajador. Me dije ¿Y por qué esta vez no ir yo? Así que compré pasajes y reservé hotel anticipadamente. He hecho varios testeos, motivado a hacer cobertura entretenida, me compré hasta una cámara de acción DJI… Sin embargo no hubo cupo para nosotros este año y créanme que movimos un montón de piedras para obtenerlo ¡no hubo caso! En fin, entre la rabia y la impotencia a falta de plan A, pues venga el plan B: ¡Maratón de Viña del Mar! cortesía de Prokart (Runchile es media partner).
Viña sería mi primer maratón en Chile (si sacamos a Rapa Nui el 2012), al menos el primero en Chile continental. Lo reconozco, me motiva mucho más entrenar para correr en el extranjero ya que el turismo maratoniano me seduce. El problema de todos los viajes maratonianos es la logística, algo agotadora. En contraposición ¡correr en Viña es nada! Hora y media de viaje, ida en auto, todo el estoqueo en casita, hotel conocido, económico, recorrido conocido luego de haber participado en algunos 21K ¡Todas las garantías!
Así, después de alojar en Reñaca con mi compadre Carlos Gallardo, me fui a la partida. Fácil, expedito, encajonado rapidito y adelante. Ningún estrés o sobresalto.


La partida caótica, todo el primer kilómetro entre el asfalto en mal estado y la mescolanza de atletas de 21K y maratón hubo que aplicar codos, brazos, vocear, de todo para no caerse o chocar. 
Ya en ritmo había que hacer dos giros de 21K desde Reñaca hasta la Universidad Federico Santa María en Valparaíso. Al ser un circuito costero tiene varias subidas y bajadas, lo sabía. Pero una cosa es hacerlo en un 21K y otra muy diferente es el doble.


En carrera pasó de todo, partimos con clima fresco, a los 14K se largó una fuerte lluvia que me empapó hasta los calcetines, luego se puso frio con la brisa marina, y al final sol radiante, caluroso y ventoso. 
Hice lo posible por gestionar mi esfuerzo en la primera vuelta, pero tras cruzar el portal de los 21K en Reñaca supe que iba a ser muy duro mentalmente, inmediatamente me supe no preparado para sostener el mismo ritmo por otros 21K. Y cuando eso pasa -y me ha pasado- uno sabe que va a sufrir. Apliqué cabeza lo que pude, bajando mi ritmo en consecuencia y a mi pesar. Logré llegar al 31K, giro hacia el norte y ante cada subida me decía “ya, una subida menos” y así en la siguiente, y la siguiente hasta dejar Valparaiso (que feo el circuito en Valparaíso ¡pura autopista!) Cuando llegué a la playa Caleta Abarca en el km 34 me dije, “se acabó esta huevá ya estamos en Viña al menos”, ultimo gel con cafeína y empecé a aumentar la cadencia braceando como helicópero para mover mis machacadas piernas.
Fui pillando a algunos corredores que me habían pasado al inicio de la segunda vuelta, entre ellos a algunos compañeros de club, eso me motivó. 


Ya en Coraceros (37K), estaba apoyando Sergio Novoa, se me pone a correr en mi flanco “Venga Adri que vas cerquita del pacer de 3:15, ¿Qué te necesitas? te doy un gel, agua ¡Dime!” Yo le habría dicho “¡llévame a lapa!” Jajaja. “Nada compadre, nada, quiero terminar, gracias”, le espeté. Solo pensaba llegar a Las Salinas y ese último repecho en el 38K. Lo logro y mi mente se descomprimió, ¡Ya está! pensé “en unos veinte minutos se acaba esta tortura” lo que subió mis ánimos y energía. 


Cuando llego al 41K empieza la última bajada. Me relajo y aplico lo que me queda. En Reñaca túnel de gente, me gritan varios compañeros de club (Pulpita, Sebastián, Pancho, la Jesu, el Joaco entre otros quienes no vi, pero oí) llego a los últimos 200m y le meto lo que tengo.


La sensación tras cruzar fue de “alivio satisfactorio “. Mi crono me dejó mal sabor, lejos de lo que esperaba, pero la forma en que enfrenté la carrera me dejó conforme. No bajé los brazos, me esforcé al máximo, fui cabezota, di caza a un montón de corredores los últimos 8km y rematé fuerte en la recta final. El premio para este esfuerzo: Sorpresivo 2º lugar en mi categoría.


Si pudiera decir lo que valoré de esta experiencia, definitivamente es el apoyo de grupo del SRC. Al correr en el extranjero, uno es un NN, pero acá reconoces a los clubes, a los corredores, a los compañeros y recibes esa energía, ese susurro interno en el oído que te pica el orgullo y dice “no puedes flaquear, prohibido guatear” por ti y tus colores.
¿Qué conclusión saco de Viña? Circuito difícil, comepiernas, durísimo mentalmente pero le gané. Y en gran parte por el apoyo de mis amigos y compañeros runners. Es la energía extra que solo se recibe al correr “en casa”.



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